Los Seattle Seahawks escribieron una nueva página dorada en su historia al coronarse campeones del Super Bowl LX tras imponerse 29-13 a los New England Patriots en Santa Clara, California. Fue una noche teñida de azul y verde, marcada por autoridad, disciplina y una defensa que impuso respeto desde el primer snap.
El plan de juego de Seattle fue claro y efectivo: presión constante, coberturas cerradas y cero concesiones.
La muralla defensiva anuló cualquier intento de reacción de los Patriots, que nunca lograron encontrar ritmo ofensivo. En ese contexto, el quarterback Sam Darnold brilló con seguridad y temple, liderando a su equipo con la madurez de quien transformó años de dudas en una actuación consagratoria.
Del otro lado, el joven Drake Maye, con apenas 23 años, se quedó a las puertas de la historia. El mariscal de campo de New England luchó, pero la intensidad de la defensa rival frustró su aspiración de convertirse en el quarterback más joven en ganar un Super Bowl.
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