Más de 3 millones de cubanos atraviesan una crisis hídrica sin precedentes, marcada por sequías extremas, fallas en la infraestructura y pérdidas masivas de agua en tuberías, además de un mantenimiento crónico insuficiente.
En La Habana, 156 mil personas se ven afectadas; en Santiago de Cuba, medio millón enfrenta la sequía más intensa en una década, y en algunas zonas del oriente del país la escasez alcanza hasta cinco meses consecutivos.
La falta de agua impide cubrir necesidades básicas como beber, cocinar, lavar y bañarse, obligando a la población a depender de pipas, comprar agua en el mercado negro o recorrer largas distancias con cubetas.
El gobierno reconoce que la situación es “muy compleja” y señala que combina factores naturales y estructurales. Esta emergencia ha generado creciente malestar social, mientras las comunidades luchan por acceder a un recurso vital.
La falta de servicio se suma a la serie de los apagones energéticos que se han presentado en el mes de septiembre y octubre.
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