En Yecapixtla, la cecina es más que un platillo: es una tradición que se transmite de generación en generación. Pablo Ríos, tasajeador orgullosamente yecapixtlense, aprendió este oficio de su abuelo y hoy mantiene viva esta práctica artesanal. El proceso comienza con la selección y corte de la carne, que es tasajada cuidadosamente hasta obtener largas y delgadas sábanas, para después pasar por el salado y la deshidratación al sol, un elemento que, de acuerdo con el tasajeador, forma parte del sabor característico de la cecina.
Para Pablo, una de las mayores satisfacciones es recibir a visitantes de Puebla y otros estados que llegan a Yecapixtla para degustar este producto y reconocer su gastronomía. Cada pieza representa años de experiencia, dedicación y orgullo por una tradición que sigue dando identidad al municipio. En Yecapixtla, la cecina se prepara con las manos, se sazona con el sol y se disfruta con orgullo.
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